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Transcripción del episodio

Hoy quiero reflexionar sobre cuándo uno se da cuenta de que llegó el momento de dejar de fumar. Por cierto, si ya tienes claro que sí quieres dejarlo y te estás preparando para el gran momento, aquí tienes una meditación para dejar de fumar que seguro que te ayuda.

Dicho esto, vamos a ver: todos los fumadores saben que fumar es malo y que deberían dejarlo. Pero saber eso no es suficiente para dejarlo, verdad? 

Entonces, ¿cuál es el momento en el que un fumador o fumadora hace un clic en su mente y llega de una vez por todas a la conclusión de que ya es hora de dejar de fumar?

Cómo saber si ya llegó el momento de dejar de fumar

Pues bien, esto es lo que les pregunté a muchas de las personas que han pasado por el programa para dejar de fumar. Concretamente les pregunté qué era lo que les había llevado a tomar una decisión firme y sin vuelta atrás respecto a dejar de fumar.

¿Y sabes lo más curioso?

Que las respuestas se repetían una y otra vez. Cada uno con su historia de vida, con sus circunstancias únicas, pero todos llegaban más o menos al mismo punto cuando finalmente decidían dejar de fumar.

Al analizar todas esas respuestas ví que habían unas 5 señales que a uno u a otro les habían marcado ese punto de inflexión.

Me pareció tan interesante que quiero compartirlo contigo. Porque seguramente, si estás oyendo esto, es que llevas un tiempo planteándome dejar de fumar. Pero quizás aún estás en ese punto previo en el que, sí, ya sabes lo malo que es fumar, y estás pensando en dejarlo, pero todavía lo estás posponiendo, quizás todavía no estás del todo segura o convencida de que estés lista para dar este paso tan importante.

Porque yo soy de las que pienso que cuando una persona decide dejar de fumar, debe hacerlo sabiendo que es un paso sin retorno. 

Y por tanto, es como dejar atrás una parte de uno mismo, un trocito de nuestra identidad, de nuestra manera de vivir… Y eso solo se consigue si estamos 100% convencidos de que llegó el momento de dar ese paso, de despojarnos de esa carga. 

Porque sí, aunque desde el punto de vista racional fumar es una carga, cuando somos adictos no lo sentimos así. Y por eso, por mucho que sepamos que fumar mata, hacemos caso omiso, casi como si esas palabras dejarán de tener significado real. Es como llevar una venda en los ojos.

Por eso insisto que lo que te compartiré a continuación son señales, son cosas que, a pesar de estar ciegos por culpa de la adicción, sentimos en nuestro interior con certeza. Porque más que pensamientos, son sensaciones y emociones.

Así que, sin más demora, voy a contarte cuales son las 5 señales que indican que llegó el momento de dejar de fumar.

1. Cuando fumas, a medio cigarro notas que en realidad no te está gustando/apeteciendo tanto como creías cuando lo encendiste.

En otras palabras, hay una gran diferencia entre lo que sientes antes de encender el cigarro y lo que sientes cuando ya está terminando.

Al principio sientes mucho deseo, incluso ansias por encenderlo, pero enseguida eso se convierte en todo lo contrario. Notas que el sabor no te gusta, que el humo te molesta, que te rasca la garganta…

A mi eso me pasó durante bastante tiempo, pero no era consciente de ello. Y cuando estudié cómo funciona la adicción al tabaco lo entendí. La adicción hace que seas muy consciente del deseo cuando la nicotina está bajando, es como una alarma ensordecedora. 

Pero en cambio, como estamos tan habituados a ese humo, a ese olor, a ese sabor… pues nos cuesta más trabajo darnos cuenta de lo desagradable que resulta realmente

Calmar la ansiedad es mucho más reconfortante que el disconfort que provoca el hecho de fumar en sí mismo.

Entonces, cuando uno por fin se da cuenta de que el olor del humo no le gusta, de que le molesta el sabor que se le queda en la boca, y en definitiva, cuando se da cuenta de lo asqueroso que resulta realmente fumar, eso es una SEÑAL, así, en mayúsculas.

Significa que has dado un paso importantísimo en tu nivel de consciencia. Que ya no estás tan cegada por la adicción, sino que empiezas a ver con perspectiva la realidad de lo que te mantiene enganchado. Y esa realidad es la siguiente:

No es que te guste fumar. Al contrario. Te das cuenta de que más bien te desagrada, pero que la adicción te arrastra a hacerlo.

Vamos con el siguiente punto, de acuerdo?

2. A menudo piensas que tu salud está empeorando debido a fumar, o temes que eso pueda ocurrir en un futuro.

Esta señal es como sentir en nuestro propio cuerpo la realidad de la maldita frase “fumar mata”. Porque, como te decía antes, estamos tan hartos de leer y escuchar esta frase, que apenas la llevamos a la consciencia.

La pasamos por alto y seguimos. Especialmente porque, como somos adictos, nuestra mente trata de evitar todo lo que vaya en contra de lo que ella necesita para sentirse bien. 

Por eso, no es hasta que lo sentimos verdaderamente como una posibilidad real, que empezamos a tomarlo en serio. Entonces, cuando nuestro cuerpo empieza a quejarse con algún pinchazo extraño en el pecho, o con alguna sensación de ahogo, o con más fatiga de lo habitual… entonces es cuando empezamos a sentir miedo.

Un miedo que puede ir desde una simple angustia momentánea, hasta sentir verdadero terror por la posibilidad de enfermar gravemente. Todo depende de la gravedad de esas sensaciones, o incluso de las pruebas y diagnóstico que el médico nos da.

Recuerdo el caso de una mujer que se apuntó al programa. Me escribió un día, cuando ya iba por la mitad del proceso, de hecho ya había dejado de fumar. Y me contó que justo salía del médico y que le acaban de diagnosticar enfisema pulmonar.

Me lo contaba en parte para desahogarse, y porque más que el miedo a la enfermedad, sentía mucha tristeza de haber tardado tanto a dejar de fumar, cuando ya llevaba un par de años con esa sensación de ahogo. Me dijo que tenía clarísimo que no volvería a jumar más, pero que ojalá hubiera escuchado antes a su cuerpo.

Así que te traslado su pesar, que a mi personalmente me conmovió. Y te lo traslado, no para hacerte sentir mal, sino porque de verdad, cada cigarro va sumando, y aunque hoy estés bien, ¿quién te dice que mañana no será demasiado tarde?

En mi caso, por ejemplo, yo no llegué a encontrarme mal, afortunadamente, pero sí que sentía el miedo y la preocupación de que quizás en unos años pudiera enfermar por no estar atendiendo a mi salud hoy. Porque lo que hoy hacemos, o dejamos de hacer, tiene impacto directo en nuestro futuro.

Y dicho esto, paso a la tercera señal.

3. Fumas en automático, y cuando te das cuenta sientes cierta vergüenza o preocupación.

Esto es bastante típico de los fumadores empedernidos, como fui yo en su día. Durante mucho tiempo fumé dentro de casa, y los ceniceros parecían montañas. Y lo más fuerte es que realmente no me daba cuenta de cuánto estaba fumando, no sabía cómo y ya tenía otro cigarro encendido. 

Durante bastante tiempo esto no me preocupó, pero llegó una época de más consciencia en la que sí, empecé a sentir vergüenza de no poder parar, de sentir ansias de volver a fumar cuando no hacía ni un minuto que había terminado el anterior cigarro. Entonces vi claramente que la adicción era la que me estaba dirigiendo, y no yo.

Y ahora, sabiendo como funciona la adicción, lo veo clarísimo, pero entonces me costaba más darme cuenta del engaño.

Me costaba aceptar que la mayoría de veces ni siquiera deseaba fumar ese cigarro, solo respondía a la ansiedad que me provocaba no tener un cigarro encendido y listo para seguir llenando de nicotina mi cuerpo.

Entonces, volviendo al tema, cuando logras salir de ese automático y tomar consciencia de tu consumo real, es más, cuando al darte cuenta de eso tus emociones son de preocupación, vergüenza o decepción, eso es una señal en toda regla. 

Es como si pudieras verte desde fuera, y entonces te vieras poseída por la adicción, sin poder parar, como si fueras un títere. Y esa visión es tan dura que realmente te hace replantearte qué estás haciendo con tu vida.

Vamos a por el siguiente punto, vale?

4. Te sientes atada a la nicotina

No te gusta tener que estar siempre pensando en cuándo o dónde podrás fumar, ni mucho menos la sensación de desespero que sientes cuando se te acaba el tabaco.

Esta señal es muy común, de las que más se repetía entre las personas a las que pregunté. Supongo que es porque en realidad, más que una señal, es una consecuencia de las anteriores señales. Me explico:

Cuando te has dado cuenta de que fumas en automático como si fueras un títere; o cuando sientes en tu cuerpo que verdaderamente lo estás dañando, o cuando percibes que en realidad no te está gustando ese cigarro pero aun así no puedes evitar encenderlo… entonces, como consecuencia de esto, llega la sensación de esclavitud.

De sentir que no fumas por elección, sino por obligación. Y ahí empieza a molestarte el hecho de sentir ansiedad cuando no puedes fumar, de tener que revisar si tienes suficiente tabaco para pasar el día, de preocuparte por si venderán tabaco allí donde vas… 

Llegados a este punto ya tienes un nivel de consciencia bastante elevado de tu adicción y de que ya no quieres sentirte así.

Por eso, creo yo, que es lo que las personas más habitualmente me comparten, es el punto de inflexión definitivo en el que deciden que no quieren seguir así más tiempo, que no están dispuestos a seguir siendo esclavos de esta adicción.

Y con esto pasamos a la quinta y última señal:

5. A veces piensas en dejar de fumar, aunque luego no terminas de dar el paso.

De nuevo, aunque esto no es una señal en sí misma, ya es un paso previo a dejar de fumar. Es decir, hay como tres fases en la vida de un fumador:

La fase 1, de “Me gusta fumar, no quiero dejarlo.”; la fase 2 de “Quiero dejarlo, pero todavía no”; y la fase 3 de “Llegó el momento de dejar de fumar”.

Si estás en la fase 2, es decir, que ya te planteas dejarlo pero todavía no lo has hecho, estás a las puertas de dejarlo. Porque en realidad, nadie querría dejar de fumar si no empezara a sentir todas esas señales previas que te he ido compartiendo.

No queremos dejar de fumar hasta que no sentimos realmente lo asqueroso que es, o lo peligroso que es para nuestra salud, o lo esclavos que nos hemos vuelto. Tenemos que sentirlo en nuestro cuerpo, en nuestras emociones, para poder ser más fuertes que la adicción y darnos cuenta de que realmente no nos gusta fumar, aunque nos cueste infinito aceptarlo.

Porque aceptar eso es aceptar que hemos estado engañándonos a nosotros mismos tanto tiempo… Entonces es cuando nos damos cuenta de la esclavitud a la que estamos sometidos, y es cuando por fin abrimos los ojos y decimos basta.

De ahí a dejarlo aun va un trecho. Aún falta superar todas esas excusas que seguirá poniendo tu mente para evitarte el sufrimiento del síndrome de abstinencia. 

Pero sin duda, si llegas aquí es que ya llegó el momento de dejar de fumar. Las excusas solo harán que retrases lo que te pide tu alma, lo que sientes en tu cuerpo, lo que sabes con certeza que debes hacer.

Así que ya para terminar, me encantaría que te pararas a analizar si has sentido alguna de estas señales, porque entonces ya eres consciente de la cárcel en la que estás.

Y tienes dos opciones: seguir ignorando estas señales, o empezar a escucharlas de verdad, escuchar lo que te está diciendo tu corazón, y tomar las riendas de tu vida.

Porque si, dejar de fumar puede dar miedo, lo sé perfectamente, yo también lo sentí así, pero por mucho miedo que dé, también es lo más sabio y enriquecedor que harás por ti en mucho tiempo.


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Sobre mi


Irene S. Ventura

Psicóloga experta en técnicas de deshabituación tabáquica

Combino las estrategias de la terapia cognitivo-conductual con meditaciones mindfulness, alcanzando así todos los aspectos que intervienen en el proceso: emociones, pensamientos, conductas y actitudes.


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Si te gusta mi enfoque y quieres que te acompañe mientras dejas de fumar, te invito a consultar mi programa para dejar de fumar.

Durante 8 semanas recorreremos todas las fases, desde la preparación, pasando por el día D, superando e síndrome de abstinencia, hasta llegar a la fase de mantenimiento.

Tendrás a tu disposición meditaciones, ejercicios escritos y retos que te ayudarán a avanzar y a lograr tu objetivo.

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